Domingo, 5 de Setiembre del 2010
 


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La cinta blanca



Origen: Austria/Alemania/Francia /Italia

Año: 2009

Director, Michael Haneke

Elenco: Christian Friedel, Leonie Benesch, Unrich Tukur, Ursina Lardi, Fion Mutert, Michael Kranz

Mucha gente creyó que iba a ganar el Oscar a mejor película extranjera. Fue derrotada por El secreto de sus ojos, el film argentino de Campanella, pero ello no obsta para valorar debidamente a La cinta blanca, realización del austríaco Michael Haneke que se estrena en Cinemateca 18 el próximo jueves. Y queda incluso la pregunta de si ese Oscar le hubiera sido necesario: el film venía ya de ganar la Palma de Oro y el premio de la Fipresci en el festival de Cannes, el Premio Europeo a mejor película y mejor director, el Globo de Oro a mejor película en lengua extranjera, y numerosas distinciones para su fotógrafo Berger, quien es realmente uno de los puntales de la empresa.
El recurso es clásico: un hombre ya anciano cuenta algo que le ocurrió en su juventud. En el transcurrir de ese relato, La cinta blanca narra los extraños hechos acaecidos en la pequeña (y ficticia) ciudad de Eichwald, Alemania, entre julio de 1913 y agosto de 1914, es decir poco antes de que se iniciara la Primera Guerra Mundial. El narrador es el maestro, quien mientras da cuenta de cómo conoció a su novia Eva expone la narración de hechos misteriosos sucedidos entonces: el accidente del doctor, el incendio del granero, la desaparición y golpiza recibida por algunos de los habitantes del pueblo.
La cinta blanca es una oscura fábula moral en la cual los niños parecen ser la clave. Sin embargo, como suele suceder en el cine del austríaco Haneke (El séptimo continente, 1989; El video de Benny, 1992; Funny games, 1997, La profesora de piano, 2001; El tiempo del lobo, 2004; Caché, 2005), no hay una respuesta clara, ni siquiera algo parecido a una respuesta. El film ha sido descrito con justicia como una película de horror sin escenas de horror, y el sombrío blanco y negro elegido por el director ayuda a la creación de su tensa y ominosa atmósfera. El aire bergmaniano de la excelente fotografía de Christian Berger no es casual, ya que éste ha admitido haberse inspirado en la del maestro Sven Nykvist, uno de los fieles colaboradores del cineasta sueco.
Se ha querido ver en el film, si no una explicación, por lo menos una pista de lo que pasaría más tarde: la violencia, la represión, el autoritarismo que permean este retrato de la pequeña sociedad de Eichwald puede ser la punta del iceberg, una síntesis o un anticipo de lo que se convertiría la sociedad algunos años más tarde, dando origen a los horrores del nazismo. Esa lectura es admisible pero no obligatoria: el talento humano para la maldad es un fenómeno más amplio que el uso de la cruz gamada (alguien ha definido al film como “un ambiguo y cuidadoso análisis del mal”, sin ir más lejos). Interpretaciones a un lado, un film inteligente, sólido, reflexivo y cerebral..

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